
«Que vengan cuando quieran»: honor, coraje y silencio ante la batalla
Diciembre de 1585, en una isla de los Países Bajos llamada Empel. Un tercio español, mandado por el maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla, se había quedado aislado entre ríos, con el terreno inundado y una flota enemiga alrededor. Le ofrecieron rendirse y no lo hizo.
Una frase sin firma
«Que vengan cuando quieran» se atribuye a los soldados de los Tercios, pero no hay ningún documento de la época que diga quién la pronunció ni dónde. Es una frase de tradición. Dice algo muy concreto: no es un grito de guerra, sino una manera tranquila de decir que la posición está preparada.
Esa idea sí está en los textos. Los autores que escribieron sobre la milicia en el siglo XVI, como Sancho de Londoño o Marcos de Isaba, dedicaron muchas páginas a la disciplina y al comportamiento del soldado en su puesto. Para ellos, una tropa bien ordenada era la que sabía aguardar sin desbandarse.
Empel, 1585
Según las crónicas, los soldados se negaron a capitular. Se les atribuye una respuesta en la que preferían la muerte a la deshonra, pero esa frase circula en versiones distintas y no se puede dar por literal.
Lo que sí cuentan los cronistas es lo que pasó después. Mientras cavaban trincheras, unos soldados encontraron una tabla con una imagen de la Inmaculada Concepción. Poco después, una fuerte helada congeló las aguas. Las naves enemigas tuvieron que retirarse y los españoles salieron del cerco. Se vivió como un milagro, y de ahí viene la devoción de la infantería española a la Inmaculada, que siglos después fue declarada su patrona.
Rocroi, 1643
En Rocroi el ejército español fue derrotado por las tropas francesas del duque de Enghien. Aun así, una parte de la infantería resistió durante horas en formación cerrada, y los relatos coinciden en destacar la firmeza de aquellos tercios.
Alrededor de esa batalla han crecido frases y anécdotas que no están bien documentadas, y los historiadores discrepan sobre cómo terminó. Lo seguro basta: una infantería agotada que mantuvo el orden cuando todo estaba perdido.
El silencio antes del combate
Las horas anteriores a una batalla eran de espera. Se revisaban las armas, se ocupaba el puesto y se escuchaban las órdenes. La disciplina de los Tercios dependía en buena parte de eso: mantener la formación y la calma.
Calderón de la Barca, que además de dramaturgo fue soldado, dejó unos versos muy citados en los que define la milicia como «una religión de hombres honrados». Ese espíritu es el que buscamos en la Colección Soldados y en la camiseta España solo teme a Dios.
Fuentes
- Alonso Vázquez, Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese (principios del siglo XVII).
- Sancho de Londoño, Discurso sobre la forma de reducir la disciplina militar a mejor y antiguo estado (1568).
- Marcos de Isaba, Cuerpo enfermo de la milicia española (1594).
- Julio Albi de la Cuesta, De Pavía a Rocroi. Los tercios de infantería española en los siglos XVI y XVII (Balkan, 1999).
Encamisada