
Picos, palas y azadones: la verdad tras las cuentas del Gran Capitán
Dicen que el rey Fernando el Católico le pidió cuentas al Gran Capitán después de conquistar Nápoles, y que Gonzalo Fernández de Córdoba le mandó una relación de gastos imposible.
En esa lista había una fortuna en picos, palas y azadones. Había limosnas a frailes y monjas para que rezaran por las armas, guantes perfumados para soportar el olor de los enemigos caídos, campanas gastadas de repicar por las victorias y, para acabar, una suma enorme por la paciencia de Gonzalo al oír que el rey le pedía cuentas a quien le había ganado un reino.
Una expresión que se quedó
Las cifras cambian de una versión a otra, pero siempre son absurdas. La expresión quedó en el idioma: «las cuentas del Gran Capitán» son unas cuentas exageradas o sin justificar, y el diccionario de la Real Academia la recoge con ese sentido.
Casi con seguridad no ocurrió así. No hay ningún documento de la época que recoja esa lista ni una respuesta parecida al rey. El texto de las «cuentas» aparece en fuentes muy posteriores, cuando Gonzalo ya era una leyenda. Es difícil imaginar a un súbdito, por poderoso que fuera, contestando de ese modo a su monarca sin consecuencias.
Lo que sí se sabe
Gonzalo Fernández de Córdoba nació en Montilla, en 1453. Se formó en la guerra de Granada, donde destacó como militar y como negociador en las conversaciones que llevaron a la entrega de la ciudad en 1492.
Los Reyes Católicos lo enviaron después a Italia. En la primera campaña, en la década de 1490, ayudó a expulsar a los franceses del reino de Nápoles. En la segunda ganó dos victorias en 1503: Ceriñola, en abril, y el río Garellano, a finales de año. Nápoles quedó en manos de la Corona de Aragón. Ya entonces lo llamaban «el Gran Capitán», también los italianos. Muchos historiadores ven en sus campañas un antecedente de los Tercios, por la manera de combinar picas, armas de fuego y terreno.
Con el rey
Gonzalo gobernó Nápoles como virrey. Su poder y su prestigio eran enormes y despertaron recelos en la corte. La muerte de la reina Isabel, en 1504, lo debilitó, porque ella había sido su principal valedora.
En 1506 Fernando viajó a Nápoles. En esos años hubo revisiones de la administración y de los gastos del reino, algo normal tras una guerra tan cara. Al año siguiente el rey se llevó a Gonzalo de vuelta a España. Según las fuentes le había prometido el maestrazgo de la Orden de Santiago, pero no se lo dio.
Pasó sus últimos años retirado, sobre todo en Loja, lejos de los grandes mandos. Murió en Granada en diciembre de 1515.
Las cuentas son falsas, pero recogen algo cierto: la queja de quien se juega la vida en campaña contra quien administra desde lejos. La camiseta Armas y letras y la Colección Soldados van por esa época.
Fuentes
- José Enrique Ruiz-Domènec, El Gran Capitán. Retrato de una época (Península, 2002).
- Hernán Pérez del Pulgar, Breve parte de las hazañas del excelente nombrado Gran Capitán (1527).
- Jerónimo Zurita, Historia del rey don Hernando el Católico. De las empresas y ligas de Italia (1580).
- Antonio Rodríguez Villa (ed.), Crónicas del Gran Capitán (Nueva Biblioteca de Autores Españoles, 1908).
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