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«No queda sino batirnos»: Blas de Lezo y el asedio de Cartagena de Indias

Relatos de los hombres y gestas que inspiran cada una de nuestras prendas. Porque antes de vestirla, hay que conocerla.

«No queda sino batirnos»: Blas de Lezo y el asedio de Cartagena de Indias
HéroesLectura: 2 min

«No queda sino batirnos»: Blas de Lezo y el asedio de Cartagena de Indias

A mediados de marzo de 1741, una flota británica de alrededor de 180 buques apareció frente a Cartagena de Indias, el puerto por el que salían las riquezas del virreinato de Nueva Granada. Traía unos 25.000 hombres. La guarnición española rondaba los 3.000 o 4.000, con seis navíos de línea.

Una frase que nadie ha encontrado

Según la tradición, Blas de Lezo resumió la situación diciendo que no quedaba sino batirse. No hay ningún documento de la época que recoja esa frase. Se cuenta como lo que es: una forma popular de expresar el ánimo de los defensores. Lo que sí está documentado es lo que pasó entre marzo y mayo de 1741.

Por qué estaban allí

En 1739 estalló la guerra entre Gran Bretaña y España por el comercio en América. En Inglaterra se la llamó «guerra de la oreja de Jenkins», por un capitán británico que decía haber perdido una oreja a manos de un guardacostas español. Ese año el almirante Edward Vernon tomó Portobelo, en Panamá, y en Gran Bretaña lo celebraron por todo lo alto. El siguiente objetivo fue Cartagena.

Los defensores

Blas de Lezo había nacido en Pasajes, en Guipúzcoa, y servía en la Armada desde muy joven. En sus campañas perdió una pierna, la visión de un ojo y el uso de un brazo. La tradición popular le dio el apodo de «Mediohombre», aunque no se sabe si se lo llamaban así en vida.

No estaba solo al mando. La máxima autoridad era el virrey Sebastián de Eslava, que dirigía la defensa en tierra. Su relación fue tensa, y los historiadores valoran de forma distinta el papel de cada uno.

El asedio

Los británicos forzaron la entrada de la bahía por Bocachica, después de varios días de bombardeo a los fuertes. Lezo llegó a hundir sus propios barcos para cerrar el paso. Aun así, los atacantes llegaron cerca de la ciudad.

El momento decisivo fue en abril, con el asalto al castillo de San Felipe de Barajas, que protegía Cartagena por tierra. Fracasó, con muchas bajas británicas. Suele contarse que las escalas de los asaltantes resultaron demasiado cortas para los muros, pero es un detalle muy repetido que conviene tomar con cautela.

A la resistencia se sumaron las enfermedades tropicales, sobre todo la fiebre amarilla, que hizo estragos entre unas tropas poco acostumbradas al clima. En mayo, Vernon ordenó la retirada.

En Gran Bretaña se habían acuñado ya medallas que daban por tomada Cartagena. Se conservan varias en museos y colecciones.

Después

Lezo murió en Cartagena en septiembre de 1741, unos meses después del asedio, probablemente por una enfermedad. Su figura fue poco conocida fuera del ámbito naval durante mucho tiempo, y en las últimas décadas ha vuelto a la memoria, en España y en Colombia.

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Fuentes

  • Gonzalo M. Quintero Saravia, Don Blas de Lezo. Defensor de Cartagena de Indias (Planeta Colombiana, 2002).
  • Richard Harding, Amphibious Warfare in the Eighteenth Century: The British Expedition to the West Indies, 1740-1742 (Boydell, 1991).