Encamisada Volver a la tienda
Crónicas Encamisada

«Español sois sin duda»: la fama del soldado español

Relatos de los hombres y gestas que inspiran cada una de nuestras prendas. Porque antes de vestirla, hay que conocerla.

«Español sois sin duda»: la fama del soldado español
Los TerciosLectura: 2 min

«Español sois sin duda»: la fama del soldado español

Pierre de Bourdeille, señor de Brantôme, fue soldado y cortesano francés del siglo XVI. Reunió una colección de dichos y bravatas de soldados españoles, las *Rodomontades espagnoles*, que se publicó después de su muerte. Está escrita entre la burla y la admiración. En sus páginas el español es orgulloso y exagerado al hablar, pero también valiente y digno.

Esa es la fama que hay detrás de la frase «Español sois sin duda».

Una frase sin firma

Se cuenta en versiones distintas: a veces la dice un enemigo admirado, otras un compañero, otras un personaje de comedia. No hemos encontrado ninguna fuente de la época que diga quién la pronunció ni cuándo. Es una frase de tradición.

Lo que sí se puede comprobar es lo que da por supuesto: que existía un tipo humano, el español de su tiempo, que el resto de Europa creía reconocer al instante.

La reputación

Durante buena parte de los siglos XVI y XVII la infantería española tuvo en Europa una fama enorme. Desde Pavía, en 1525, los Tercios se ganaron un nombre de disciplinados, sufridos y temibles en combate. No lo dijeron solo los cronistas españoles: también lo reconocieron, muchas veces a regañadientes, sus enemigos. Brantôme dejó escrito su asombro ante el porte de las tropas españolas que vio pasar camino de Flandes.

El orgullo, para bien y para mal

La otra cara era el orgullo. Para muchos europeos el español era altivo, quisquilloso con el honor y aficionado a las grandes palabras. De ahí viene el tópico del hidalgo pobre pero digno que retrata la literatura del Siglo de Oro.

Los propios españoles se reían de eso. Hay soldados que presumen de hazañas, hidalgos que disimulan el hambre y caballeros que se ofenden por nada. Cervantes lo sabía de primera mano: fue soldado en Lepanto, cautivo en Argel y autor del *Quijote*. En el discurso de las armas y las letras, don Quijote defiende el oficio del soldado con todas sus penurias.

Lo que había de verdad

Los Tercios reclutaban hombres en toda la Monarquía: castellanos, aragoneses, navarros, italianos, valones. La infantería española propiamente dicha se consideraba el núcleo más fiable y se enviaba donde la situación era más difícil. Muchos soldados sabían leer y escribieron memorias y relaciones de sus campañas.

También hubo sombras: motines por pagas atrasadas, saqueos y episodios de violencia que empeoraron la imagen de España en Europa. La reputación del soldado español se hizo con las dos cosas.

Esa figura, con sus luces y sus sombras, está en la camiseta Armas y letras, en la de Cervantes y en la Colección Soldados.

Fuentes

  • Pierre de Bourdeille, señor de Brantôme, Rodomontades et gentilles rencontres espagnoles (siglo XVI; publicadas después de su muerte).
  • Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605), primera parte, capítulos 37 y 38.
  • Ricardo García Cárcel, La leyenda negra. Historia y opinión (Alianza, 1992).
  • Geoffrey Parker, The Army of Flanders and the Spanish Road, 1567-1659 (Cambridge University Press, 1972).